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Presentación

La cabeza del Bautista
Enric Palomar

Ópera en un acto. Libreto basado en la obra homónima de Ramón María del Valle-Inclán, adaptado por Carlos Wagner. Música de Enric Palomar. Estreno absoluto.

Enric Palomar, nacido en Badalona en 1964, discípulo de Benet Casablancas y Joan Albert Amargós, ha llevado a cabo una enorme
tarea de compositor y arreglista en campos musicales tan diversos como la música de cámara, el flamenco (es colaborador de Miguel Poveda), el jazz, la música popular y, naturalmente, la ópera. Palomar ha escrito una nueva ópera sobre la obra teatral La cabeza del Bautista de Valle-Inclán, siguiendo muy literalmente el texto del escritor. En 1924, Valle-Inclán publicó en «La Novela Semanal» dos «melodramas para marionetas», La rosa de papel y La cabeza del Bautista, subtitulados «novelas macabras». En 1927 los integró en un conjunto bajo el título de Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte. Este retablo quiere plasmar el mundo de las relaciones humanas regido por dos de los pecados capitales –la avaricia y la lujuria- con la presencia macabra de la muerte.

El título de La cabeza del Bautista es una referencia explícita a la obra teatral decadentista Salome de Oscar Wilde (1891) -llevada después
a la ópera por Richard Strauss (1905)-, que había conmovido y escandalizado Europa, en la cual la protagonista, hija de Herodías, siente un obsesivo deseo sexual por Juan el Bautista que la lleva, una vez decapitado el profeta, a besar con pasión su boca. Valle-Inclán evoca algunos aspectos de estas figuras y crea un grand-guignol expresionista, sitúa la escena en un ambiente sórdido y convierte la tragedia en un melodrama malicioso y esperpéntico.

En un miserable ambiente de la Galicia rural y arcaica, poblado por personajes que intentan sobrevivir sin valores ni convicciones, Don Igi, amo del café y del billar del pueblo, recibe la visita de un viajero inquietante y elegante, el Jándalo, procedente de Argentina. Éste se presenta para hacerle chantaje de un crimen que Igi cometió durante su estancia en Toluca, en la persona de la madre del Jándalo, y que le llevó a la cárcel sin impedirle, sin embargo, volver como rico “indiano”. Igi se siente acabado, pero la guapa y ambiciosa Pepona, que no quiere que se pierda ni una moneda de su protector, le convence de que le mate mientras ella le seduce. Efectivamente, Igi le clava con precisión un puñal mientras Pepona continúa besando y reclamando besos al cadáver que tiene abrazado.

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